Industria: explotación e impacto cultural

”Trabajáis para marchar en armonía con la tierra y con el alma de la tierra”

– Fragmento del libro titulado El Profeta, de Gibran Jalil Gibran.

Durante mi último trabajo como traductor para una compañía japonesa de fundición en la que –por suerte– tuve la oportunidad de fotografiar dentro de la fábrica y desarrollar esta serie de fotografías, recordaba las diferentes labores que he desempeñado durante mi vida: desde ser obrero, operador, hasta personal ejecutivo en una oficina. Me di cuenta también, de que en los últimos años, las compañías para las que he trabajado, pertenecen a la industria automotriz. Lo anterior, en conjunto, no solo me ha hecho reflexionar si no me ha permitido descubrir y, en parte, tener una visión general del progreso industrial, su alcance y la explotación de la tierra y los trabajadores que conlleva a nivel global. Por otro lado, además, el lograr esta serie de fotografías ha significado un gran avance en mi carrera como fotógrafo; podría ser la pauta que ha dado inicio a un tema de interés personal con el que podría contribuir a la concientización sobre todo de lo que hay detrás de la producción masiva a nivel mundial. 

En esta compañía que les mencioné anteriormente (ubicada en Irapuato, Estado de Guanajuato) descubrí que el proceso de fundición es un oficio; un oficio que podría nombrar como artesanal. Sin embargo, con el tiempo lo ha dejado de ser para convertirse en tan solo algo obsoleto.

A causa de la industrialización y estandarización de los procesos para una producción masiva, éste se ha vuelto impersonal y ahora, para la producción de productos que necesitan un proceso de fundición se requieren –al menos en esta compañía– más de 200 trabajadores entre los que se encuentra el personal operativo (como soldadores, eléctricos, técnicos industriales, supervisores de procesos, operadores y operadoras, entre otros) que rigurosamente deben cumplir una jornada laboral de por lo menos 12 horas corridas (incluyendo las horas extras) –o hasta más–, diarias, cubriendo un turno de día o de noche, durante 6 días por semana. Siendo esto remunerado con un salario mínimo. No obstante, los trabajadores, mexicanos y japoneses, no solo tienen que someterse a jornadas duras, físicamente desgastantes y riesgosas de trabajo, sino a una imposición cultural por ambas partes. 

Estando del lado de cualquiera de las dos culturas uno podría decir o juzgar quién es más injusto que el otro pero al final, siendo objetivo, se podría considerar que a causa del consumismo, la industria y en consecuencia, las compañías de manufactura se ven obligadas a explotar no solo los recursos naturales sino a la humanidad. 

En lo personal, considero que el trabajo es un derecho. un derecho que los humanos tenemos para vivir –como en parte dice en el fragmento de Gibran que al inicio de esta serie cito, en armonía;  y con dignidad, que no sólo debe ser remunerado de manera económica sino también ser reconocido, valorado y sobre todo respetado. Es un derecho que, como seres humanos, tenemos para ejercerlo de forma pacífica y con orgullo. Porque además de ser un reflejo del desarrollo individual; es el reflejo de nuestra propia cultura.